La prueba de provocación es un procedimiento médico controlado para diagnosticar alergias, especialmente a alimentos o medicamentos, administrando dosis crecientes del sospechoso bajo supervisión. Se considera el método más preciso («gold standard») para confirmar o descartar alergias, durando habitualmente entre 4 y 5 horas.

Aspectos clave de las pruebas de provocación:

Procedimiento: Consiste en administrar el alérgeno (alimento o medicamento) por vía oral, intramuscular o intravenosa de manera progresiva (aumentando la dosis) para evaluar reacciones.

Objetivo: Identificar la sustancia causante de los síntomas, determinar el umbral de reacción y verificar si existe tolerancia (especialmente en alergias infantiles) y también sirve para descartar ciertas alergias

Supervisión: Se realiza en centros hospitalarios o clínicas especializadas debido al riesgo de reacciones alérgicas graves (anafilaxia).

Tipos de provocación: Pueden ser abiertas (paciente y médico conocen el alimento), simple ciego o doble ciego (placebo controlado), siendo estas últimas las más precisas.

Tipos de prueba de provocación (según el área a evaluar):

Provocación Oral Alimentaria (OFC): Se usa para alergias alimentarias, a menudo tras una dieta de eliminación.

Provocación con Medicamentos: Para identificar alergias a fármacos, a menudo tras la negativización de pruebas previas.

Provocación Bronquial: Evalúa la sensibilidad de las vías respiratorias (ej. con metacolina para asma).

Provocación Física (Urticaria): Incluye pruebas de ejercicio físico, frío, calor o vibración para inducir síntomas de urticaria física